En 2026, la Asociación Ecuatoriana de Musicoterapia (AEM) inició un Book Club en torno a Musicofilia, de Oliver Sacks, en el que cada miembro presenta un capítulo. Mario Ayabaca abrió la serie con el capítulo 3, dedicado al miedo a la música y a la epilepsia musicogénica.
Cuando la música desencadena una crisis
Solemos asociar la epilepsia con estímulos visuales intensos, pero Sacks describe casos en los que la música —incluso suave— o ciertos sonidos desencadenan crisis epilépticas. Mario explicó que este fenómeno se relaciona con el lóbulo temporal, donde se procesan la música, los recuerdos, las emociones y el lenguaje. En algunos casos, el detonante es un tipo específico de música o incluso un rasgueo de guitarra.
Lo que este capítulo enseña a un musicoterapeuta
Para Mario, la lección clínica es clara: hay que estar atentos no solo a la identidad sonora de cada persona, sino también a la intensidad, la articulación y las asociaciones emocionales de la música que se usa. En la historia clínica y en las interconsultas conviene preguntar por condiciones neurológicas.
La musicoterapia tiene límites.
Mario Ayabaca en el Book Club de la AEM
Saber cuándo no usar música
En el diálogo con los colegas, Mario señaló que hacer música puede estimular aún más áreas del cerebro que solo escucharla, por lo que con una persona con epilepsia hay que trabajar con mucho cuidado, coordinar con otros profesionales y, si es necesario, reconocer que la musicoterapia quizá no es la opción adecuada.
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